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Carolina Oyarzo, actual campeona Categoría Elite Ciclismo Femenino

Publicado en Jueves, 23 Agosto 2012 Escrito por Carolina Oyarzo

Hay veces en las que la herencia es algo secundario, que puede pasarse por alto. Sin embargo cuando somos estimulados desde pequeños, esa genética hará su aparición y causará estragos temprano o tarde dejando al descubierto lo que tendríamos que haber hecho desde hace mucho.


Esa máquina perfecta de dos ruedas, componentes sutilmente adornados, ropas de colores, zapatillas negras y las calcetas blancas de ciclista, han estado presentes desde que tengo uso de razón. Mi padre, sus amigos y conocidos son ciclistas y tal como dijo una vez alguien: era cuestión de tiempo que una de las hijas terminase haciendo lo mismo. Mas, para que eso pasase transcurrieron mucho años, no es que no me haya llamado antes la atención, pero el ciclismo es un deporte machista y mi padre no podía ser la excepción, además de tener un lado no muy agradable, a eso sumemos una hija única y el resultado será buscar deportes alternativos, donde no tengas que sufrir tanto, porque si el ciclismo es duro para un hombre para una niña es peor (decía mi padre). Y con ese argumento optó por llevar a su hijita a patín carrera, lo hice durante nueve años, pero abandonando en invierno. Así pasé por varios deportes, pero nunca olvidando ese amor por el ciclismo. Y cada verano salía con mi papá al camino del Noviciado y hacíamos a un ritmo muy suave unos 40 a 50 kilómetros y en la semana hacía unas eternas tres horas de rodillo con piñón fijo. Pero será a los 17 años, y tras una serie de problemas y enfermedades que descubrí que lo mejor para ganarle a la vida era andar en bicicleta.


El día domingo ha sido siempre el día de las carreras de ruta y eran un evento ya común, pero siempre emocionantes, ya que desde el día anterior se empieza a preparar el ambiente, la comida, el agua, la bicicleta, todo tiene que estar listo aspirando a perfecto. Por otro lado, los sábados enteros los pasábamos en el velódromo, viendo como calentaban los ciclistas en los rodillos, cada equipo en un camarín, yo le llevaba a mi padre la “caramagiola” (poco conocidas para quien no era ciclista) pero en realidad no es más que una botellita.


Y con mi madre que hablaba con mucha gente, me daba la mamadera con leche y nos sacábamos fotos. Ella andaba siempre con muchas cosas en su bolso, comida, agua, mamaderas. Un revoltijo de cosas de ciclista y cosas de bebé.
Son cientos de historias que podría comenzar a escribir, pues mi vida entera he estado rodeada de bicicletas, pero la mejor etapa fue cuando empecé a correr hace cinco años, la verdad no pretendo bajarme, pues conozco los beneficios del ciclismo y este deporte de manera competitiva o no se vuelve en una forma de vida que te hace crecer a diario, no rendirte y dar siempre lo mejor de ti antes de que te toquen la campana embala sino te eliminan y toda la gente te verá. Pero si pasa eso, tranquila aún quedan muchas carreras, lo importante es no bajarse, seguir, descansar y agarrar la moto.

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