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Aprender "sacándote la chucha"

Publicado en Viernes, 25 Mayo 2012 Escrito por Fabiola Mascayano. Edición: Silza Ahumada

En mi experiencia como instructora de la Escuela Bici Mujer siempre me ha llamado la atención que el principal temor de las alumnas sea “caerse”. Claramente es una gran posibilidad, pero lo particular de este pensamiento es que sienten que a nosotras nunca nos ha pasado, que nunca nos caemos o que cuando tenemos algún pequeño accidente terminamos “siempre dignas”. Lo que no saben es que más años de bici en el cuerpo no hacen a un equilibrista, sino que acumulas experiencias extremadamente ridículas, tristemente indignas, pero de las cuales se aprende mucho más.

En este relato contaré una experiencia personal relacionada con aquellos accesorios que ponemos en nuestra bicicleta a modo de seguridad, belleza o enchulamiento y que lo único que pueden causar es un accidente vergonzosamente doloroso y totalmente evitable.

En esta historia se suman dos factores de riesgo, el primero es haber dejado mi cadena (de moto) suelta en el canasto y el segundo, iba circulando a gran velocidad por un sendero de maicillo (arena gruesa y amarillenta con que se cubren los jardines y patios) ¡Ambos errores fatales! Cuento corto, iba en bici cuando pasé por un desnivel del piso y la cadena saltó del canasto y se enredó en la rueda delantera causando que mi cleta frenara en seco y que mi cuerpo, cuál súperman queriendo emprender el vuelo, volará por los aires. El problema no fue mi caída, digna de una película de chascarros, sino que aterricé con las manos y el rostro en el maicillo. Resultado de ello: piedrecillas rasgaron mis manos, mi mentón, mis codos y rodillas, eso sin contar que el manubrio de la bici quedó semi incrustado entre mis costillas. ¡Auch!
Lo primero que uno piensa luego de comprobar que estás viva es: ¿Alguien me vio?, no sientes en dolor y te paras rauda y como si nada. Claro, nadie quiere ser el centro de las burlas ciudadanas, por suerte en esta ocasión mi caída fue en un sector bastante solitario y nadie me vio. ¡Uff, qué suerte!

Inmediatamente y con la actitud de “aquí no pasado nada” comencé a limpiar mi ropa llena de tierra y cuando traté de sacar la cadena de las ruedas me di cuento que no podía mover las manos y que todo mi cuerpo estaba desgarrado y tenía un dolor punzante en el abdomen.

Tomé mi bicicleta y luego de un rato logré sacar la cadena. Caminé una cuadra hasta que llegué a una esquina concurrida, a esas alturas me tiritaba la pera, el ojo se aguaba y dolor se hacía insoportable, tanto es así que una chica se me acercó y me preguntó si me había atropellado. Cuento aparte fue sacar las piedrecillas incrustadas en mis manos.

En fin, luego de este evento indigno y sobre todo doloroso, puedo decir que aprendí varias lecciones:

PRIMERA LECCIÓN: Siempre usar guantes.
SEGUNDA LECCIÓN: Siempre manejar con cuidado y a baja velocidad en el maicillo y/o pavimento mojado
TERCERA LECCIÓN: Nunca dejes objetos sueltos o mal amarrados en el canasto o parrilla de la bicicleta.
CUARTA LECCIÓN: Usar casco, si hubiese habido un árbol, poste o muro… me parto la cabeza.
QUINTA LECCIÓN: Lo importante no es caerse… ni levantarse… sino, seguir pedaleando con más ánimo y “siempre digna”.

Para las que quieran tener más información, seria y de verdad, las invito a revisar este interesante artículo:

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