Ago
27
Por: Elba | 7 Comentarios

niña flores

Si realizas viajes o paseos en bicicleta, pasas por una gama de sensaciones variadas, dependiendo de la situación y las condiciones. Es bastante probable que toda macleta haya experimentado o experimentará en su condición de tal, varias de estas emociones, compartiendo a su vez las vivencias mencionadas.

La curiosidad: “Quiero pedalear más lejos�. Muchas veces lo que te mueve a pedalear es averiguar qué hay más allá y descubrir si puedes llegar por tus propios medios. Se te mete en la cabeza la idea de pedalear y de explorar la ciudad de otro modo, más sano y ecológico. Obviamente, en el camino se verá todo igual que desde la micro, pero al mismo tiempo distinto, más real, más cercano, más emocionante. Luego probablemente no te bastará la ciudad y saldrás a pedalear hacia las afueras… no es tan loco como parece, con preparación se puede.

La vergüenza: “Me saqué la cresta… ¡y había gente!, snif�. Iba por Lastarria de noche y quería subir de la calle a la vereda para no ir contra el tránsito, pero no me percaté del desnivel entre éstas (yo hubiese jurado que había una bajada) y al saltar la cuneta en diagonal, yo salté, pero mi bicicleta no (se quedó pegada la rueda delantera) y volé para caer justo frente a una pareja que iba a adelantar con mi súper maniobra. No caí tan mal, pero me dio mucha lata la tontera. Él me ayudó a pararme y ella me pasó la bicicleta, entre risitas mal disimuladas, les di las gracias y desaparecí raudamente.

La vanidad: “El casco me aplasta el pelo�. Es la pura verdad, pero si queremos disminuir nuestras probabilidades de sufrir un TEC por una caída, hay que usarlo. Como expresa la frase de Andrea Paz: “Cómo perder su estilo en 5 segundos�, refiriéndose que al ponernos accesorios para pedalear simplemente no nos vemos tan divas, lo cual es cierto. Hay que entrar a sopesar seguridad y glamour, según la ocasión.

La alegría: “¡La bici es lo mejor del mundo!�. Esto se da especialmente cuando vas bajando una cuesta pronunciada o cuando vas muy rápido en una bonita avenida con pavimento decente. Tienes una sensación de libertad y autonomía increíbles, y sin contaminar.

El orgullo: “Menos mal que me vine en bici�. En el taco, los vehículos contaminantes se mueven lentamente o están detenidos y esto exaspera a muchos de sus conductores, pero muchas ciclistas (hábiles y ojalá con manubrios angostos para no dañar espejos) pasamos entre las filas de autos como si nada y con una sonrisa triunfal que expresa “¿y dime, quién anda más rápido ahora, ah?�.

La frustración: “Mmm, para otra vez será�. Cuando subes el San Cristóbal por primera vez, es probable que no sepas cómo usar bien las velocidades de la bici (nuestra ciudad casi no tiene pendientes) y te bajes de la bici hiperventilando sin poder mantener un ritmo apropiado. Eso me pasó en el primer intento y mientras caminaba, agotada, junto a mi bici, pasó un corredor a mi lado, un viejo estupendo que me dijo con voz firme (sin detener su trote en subida): “Señorita… la bicicleta es para subirse en ella�, sin tono de burla ni desdén, sino muy claro, como te dice el entrenador cuando sabe que puedes dar más… o por lo menos eso espera. Su comentario y la fuerza que ponía en lo que él hacía, me infundieron nuevos bríos. Me subí de nuevo a la bici, y de verdad lo intenté, pero no, ese no era el día para llegar a la cumbre y como no quería llegar a pie, tomé el camino de vuelta a casa.

La sorpresa: “¡Me demoro lo mismo que la micro!�. Tú aseguras que te demoras un determinado tiempo en llegar de un lugar a otro y la gente que no anda en bici (un 90% de mis ex compañeros de la U) simplemente NO te compra. Incluso una misma se sorprende de lo poco que se demora, a veces menos que el transporte público. Me pasó cuando tenía prácticas grupales en la U, en distintos lugares todos los días. El hecho era que desde la U, en Independencia con Santos Dumont, hasta el paradero 7 de Vicuña Mackenna, me demoraba entre 25 y 30 minutos y mis compañeras en micro/metro se demoraban lo mismo y a veces las tenía que esperar.

El miedo: Atropello inminente. Típico que el estresado, atrasado e incivilizado micrero, con el fin de adelantar a otro como él, pasa pegado a ti (sin la distancia suficiente) y a toda velocidad, con el riesgo de atropellarte o desestabilizarte. Algunos más considerados, al menos te avisan con un bocinazo, que te pueden atropellar aunque en el fondo de su corazón no te quieren matar, pero pasan igual de cerca e igual de veloces. En estos casos es mejor frenar un poco y acercarse a la cuneta para estabilizarse.

La culpa: “¡Mierda! Le pegué al espejo�. Puede pasar que en el afán de adelantar o cuando te encierran contra un auto estacionado, le des al espejo de un auto por un error puntual de descoordinación visomotriz. Después de unos cuantos espejos golpeados (que no se rompen por cierto) y más experiencia en el esquema espacial con tu bici, te va mejor. Lo malo es cuando al auto estacionado le suena la alarma, lo que hace más notoria tu torpeza.

La rabia: “¡Señaliza al virar, estúpido!�. El brillante conductor tiene luces de viraje, pero que no las usa y tienes que frenar en seco para no irte contra el auto. Ojo que no estás en una pista exclusiva de viraje. Otros la hacen mejor y se te cruzan rajados desde segunda fila.

Macletas, sólo una última advertencia:
“El uso frecuente de la bicicleta puede generar adicción a ésta�.



Ago
22
Por: Macleta Master | Haz el primer comentario


Ago
07
Por: Elba | 6 Comentarios


Ago
01
Por: Macleta | 1 Comentario