
Por Andrea Paz
“Me demoraré demasiado en llegarâ€?, “es muy peligrosoâ€?, “mi pega queda lejosâ€?, â€?llegaré transpiradaâ€?, son algunos de los mitos que esgrimen como argumentos muchas mujeres cuando les he invitado a moverse en bicicleta y abandonar los otros medios de transporte. Y es que nuestro Santiago nos ha mostrado por años, de modo aberrante, que son los vehÃculos con motor “laâ€? manera de transportarnos. Costumbre, y es que no hemos visto otra realidad desde que nacimos. Las cosas son asÃ.
Desde chicas nos acostumbramos a subirnos al auto con mamá o papá para ir a cualquier sitio, por cercano que muchas veces estuviera, siendo “normalâ€? tomar micro cuando la distancia fuera más de media hora a pie. Y es que quizá nos faltó el ejemplo, ver que hay otra forma mejor, o simplemente cuestionarnos ¿Por qué no?. Considero una lástima haberme perdido por tantos años el goce y libertad que me reporta moverme por mi misma, sin depender de una micro que pase o alguien que “me tireâ€?. ¿Patente?, ¿revisión técnica?, mi mayor preocupación es regular mis cambios y frenos. ¿Llegar tarde porque no me paró la micro? Mi mayor preocupación es buscar la vÃa mas grata y rápida que me permita clavar la hora exacta en el reloj de mi trabajo. Cero atraso desde que tomé la cleta. Y no la solté más, porque ¿cómo soltar mi vehÃculo que además de darme independencia me mantiene en forma, me da libertad, me otorga rapidez, descongestiona y descontamina mi ciudad y le asegura mejor vivir a las futuras generaciones?. ç
Santiago está cambiando y las mujeres estamos en deventaja. Solo un 30% de quienes pedalean pertenecen a nuestro género. ¿Temor? “¿Sexo débil? ¿O simplemente costumbre?. Cualquiera sea el motivo, argumentos sobran para revertir esta cifra, y sobran también los mitos que aún impiden a mujeres preguntarse ¿Por qué no?
